Arco de Cuchilleros. Leyenda de Luis Candelas (Madrid)

«Al llegar a la esquina de la Cava de S. Miguel vio al sereno; mejor dicho, lo que vio fue el farol del sereno, que andaba hacia la rinconada de la calle de Cuchilleros…»

Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós

Arco de Cuchilleros
Arco de Cuchilleros. Madrid

La puerta más novelesca de la Plaza Mayor

El Arco de Cuchilleros es el más famoso de los diez que tiene la Plaza Mayor de Madrid.
Se levantó para salvar el desnivel entre la plaza y la calle Cava de S. Miguel, a la que da salida. Y tomó este nombre porque en las casas adyacentes, era donde antiguamente se encontraban los talleres del gremio de cuchilleros de Madrid.
Guarda el arco de Cuchilleros, interesantes leyendas e historias de la Villa de Madrid.
Fue testigo de un suceso de gran relevancia en la Historia de España. Pues desde la barandilla metálica con forma de púlpito, el fraile del Convento de S. Gil dio un discurso animando y motivando a los madrileños a sublevarse contra las tropas Napoleónicas. En este punto de la capital germinó la revolución y los levantamientos que dieron lugar a la Guerra de la Independencia.
Además, es uno de los escenarios de la novela Fortunata y Jacinta, del escritor Benito Pérez Galdós. En las escaleras de este arco, sitúa Galdós la vivienda de Fortunata.

Leyenda de Luis Candelas, el Robin Hood de Madrid

Entre las historias del arco de Cuchilleros, destaca la novelesca vida del bandolero Luis Candelas.  

Cuentan que en el siglo XIX, Madrid tuvo un personaje al estilo del Robin Hood anglosajón, que quitaba el dinero a los ricos para dárselo a los pobres.

Este personaje era Luis Candelas, un bandolero nacido en Lavapiés. Venía de una familia que pudo darle hasta estudios, pero prefirió una vida más arriesgada que le permitía no trabajar y vivir como él quería: entre mujeres (de todos los status) y de taberna en taberna.

Luis Candelas era un ladrón muy elegante que utilizaba su ingenio para cometer sus delitos, nunca utilizaba la violencia.
Como era un joven muy galán y seductor, sus víctimas solían ser  mujeres pudientes a las que encandilaba hasta que tomaban confianza y le metían en su alcoba. Entonces, aprovechando un descuido o el sueño de la dama, les robaba las joyas, dinero, objetos de oro, plata…
Y siempre con las premisa moral de «robar a los ricos para ayudar a los pobres».
Del destino del botín hay dos versiones. La más romántica cuenta que lo repartía con la gente más humilde y necesitada de Madrid. La otra, que lo sustraído a las damas ricas lo gastaba con las «damas» más pobres de la época (las prostitutas) y en las tabernas madrileñas.Por lo visto, era muy difícil apresar a Luis Candelas. Pues cuando se veía en peligro se escondía en las cuevas del Arco de Cuchilleros y escapaba por los pasadizos subterráneos del centro de Madrid.

En las ocasiones que fue detenido, siempre logró fugarse de la cárcel, gracias a sus amistades o incluso sobornando a los carceleros.

Pero no siempre tuvo la suerte de su lado. Su ejecución (a pesar de no haber cometido ningún delito de sangre) tuvo lugar cerca de la Puerta de Toledo en 1837. Despidiéndose de la vida con su célebre frase: «Adiós patria mía, sé feliz».

Las cuevas donde se escondía Luis Candelas se encuentran en el Arco de Cuchilleros, en lo que hoy es el restaurante «Las Cuevas de Luis Candelas».