San Martín de Trevejo. Sierra de Gata (Cáceres)

«Vivir sencillo, apreciando tantos goces inadvertidos por muchos, los cotidianos milagros de respirar, calmar la sed, oler la rosa y ver una diosa en ella o unas alas en el crepúsculo de oro y malva .»

Monte Sinaí. José Luis Sampedro

S. Martín de Trevejo donde se habla en mañegu

S. Martín de Trevejo es un pintoresco pueblo, situado en un entorno privilegiado a los pies del monte Jálama.
Destaca por su arquitectura popular, los regatos de agua «regateras» que bajan por sus calles, su bosque de castaños y su singular lengua, el mañegu, una derivación del dialecto A fala.

El Mañegu

Paseando por S. Martín de Trevejo, pudimos constatar el habla peculiar de sus habitantes, una mezcla de portugués, gallego y leonés.

Por lo visto, tiene su origen con la repoblación. En 1142 Alfonso VII toma la ciudad de Coria y su hijo Fernando se encarga de repoblar esta comarca con gentes del antiguo reino de León y Galicia. Y así, nació la curiosa lengua del valle.
El mañegu en Robledillo de Gata

Qué ver en San Martín de Trevejo

1. Arquitectura popular en S. Martín de Trevejo

Las casas de S. Martín de Trevejo están levantadas a tres alturas. En la primera planta los muros son de piedra y cuenta con unos peldaños llamados «poyos» para facilitar el acceso a la vivienda. La segunda planta y tercera planta están construidas con adobe y entramados de madera.
En la segunda planta sobresalen hacia la calle unas vigas de madera llamadas «tozones», rematados con tallas que representan los rostros de los hijos del propietario de la vivienda.
Por la buena conservación de su arquitectura tradicional, fue declarado «Bien de Interés Cultural» en la categoría de Conjunto Histórico.
Arquitectura popular en San Martín de Trevejo (Cáceres)
Arquitectura popular en San Martín de Trevejo
Arquitectura popular de S. Martín de Trevejo. Sierra de Gata (Cáceres)
Tozones de San Martín de Trevejo
Los  tres «tozones» de esta vivienda indican que sus dueños tenían tres hijos.
En algunas viviendas, los dinteles de granito de las puertas tienen labradas figuras que representan los oficios de sus antiguos dueños.
Dinteles de San Martín de Trevejo
Cartero
Dinteles con los oficios en San Martín de Trevejo
Zapatero

2. Plaza Mayor de S. Martín de Trevejo

Es muy peculiar por sus edificios porticados y la torre del campanario del S. XVI.

3. Torre-Campanario

Se levanta en uno de los ángulos de la plaza. Su puerta está casi escondida por una de las columnas de los soportales. Es el único elemento que se conserva de una primitiva iglesia que había en la plaza.

4. La iglesia de S. Martín de Tours

Construida en el S. XVII y con la peculiaridad de que su Torre-Campanario se encuentra separada de ésta por varias calles.
Torre Campanario en Robledillo de Gata
Torre- campanario

Castañar de Ojesto

La visita a S.Martín de Trevejo continuó por un antiguo camino empedrado que nos llevó a conocer uno de los mayores castañares de Extremadura con algunos ejemplares de castaños centenarios.
Este camino parte de S. Martín de Trevejo y llega a  la zona más alta del Puerto de Sta. Clara.
En los primeros metros, el ascenso es bastante pronunciado pero se compensó con las estupendas vista hacia el valle y con el olor a pino y jara.
Castañar de Ojesto en San Martín de Trevejo
San Martín  de Trevejo
El camino entre pinos piñoneros, huertas y olivares, nos condujo hasta unas bonitas praderas. Y a partir de ahí, una larga alfombra de hojas secas nos guió por el fantástico Castañar de Ojesto.
Castañar de Ojesto
Castañar de Ojesto. San Martín de Trevejo
Bajo la mágica protección de uno de los castaños centenarios, superviviente a plagas e incendios, hicimos una parada para saludar y fotografiar al abuelo castaño. ¡¡¡ Cuántas historias nos habría contando…!!!
Abuelo castaño en el Castañar de Ojesto. San Martín de Trevejo
Abuelo castaño
Castaño centenario en el castañar de Ojesto. San Martín de Trevejo
Castaño centenario
Castañar de Ojesto en San Martín de Trevejo
Primavera por el Castañar de Ojesto
Continuamos la ascensión al Puerto de Sta. Clara, comprobando como iba cambiando la vegetación.
Fuimos despidiéndonos de castaños, acebos y hayas, para encontrarnos con magníficos ejemplares de robles, en este bosque de cuento.

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Sierra de Gata